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María Fernanda Azcoitia, presidenta del Centro de Asistencia al Suicida: “Hay una epidemia de suicidios y depresión”

Buenos Aires, 13 septiembre (NA) - María Fernanda Azcoitia es psicóloga y preside el Centro de Asistencia al Suicida (CAS), una ONG fundada en 1967 cuando dos psiquiatras argentinos, Alfredo Gazzano...

María Fernanda Azcoitia, presidenta del Centro de Asistencia al Suicida: “Hay una epidemia de suicidios y depresión”

Buenos Aires, 13 septiembre (NA) - María Fernanda Azcoitia es psicóloga y preside el Centro de Asistencia al Suicida (CAS), una ONG fundada en 1967 cuando dos psiquiatras argentinos, Alfredo Gazzano...

Buenos Aires, 13 septiembre (NA) - María Fernanda Azcoitia es psicóloga y preside el Centro de Asistencia al Suicida (CAS), una ONG fundada en 1967 cuando dos psiquiatras argentinos, Alfredo Gazzano y Emilio Astolfi, replicaron un modelo visto en otros países.

Está constituido por una Comisión Directiva ad honorem (en especial, psicólogos) y un grupo de voluntarios telefónicos. En total, son 25 miembros, pero están entrenando a varios voluntarios telefónicos más. Todos donan su tiempo para intentar ayudar a aquellas personas que, desahuciadas, llaman por teléfono al número 135 diciendo que están en crisis y, en algunos casos (no todos), analizan quitarse la vida.

“El suicidio es un proceso; no aparece la decisión de un día para otro; hay todo un proceso con un tiempo más corto o más largo”, le dice la experta a Noticias Argentinas. “Por eso, la idea es favorecer la comunicación, la ayuda, el ayudar a pensar, buscar alternativas”, sostiene.

La atención es a través de una comunicación telefónica anónima, confidencial y gratuita. El CAS también realiza tareas de formación y brinda charlas. Y en los últimos tiempos además se enfocaron en tareas de prevención a través de redes sociales y, de manera presencial, concurren a todos los lugares a los que los convocan “ya sea para asesorar cómo para enfrentar una situación o dar charlas”.

¿Qué apoyo reciben ustedes para poder llevar adelante su tarea?
-No recibimos ningún apoyo económico oficial. Solamente recibimos el apoyo de los voluntarios y los socios que pagamos una cuota. A veces pueden haber donaciones más grandes. A nivel estatal, no recibimos ningún tipo de apoyo, salvo la línea 135 (en el AMBA) que es un número destinado a la Asistencia al Suicida en todo el territorio nacional. Y un 0800 345 1435 gratuito para todo el país que pagamos nosotros con los aportes que tiene la asociación civil. Sí recibimos apoyos privados: por ejemplo, una obra social que nos presta un lugar físico donde nos podemos reunir para realizar nuestras tareas de supervisión o de formación. Las guardias las hacemos en forma remota desde la pandemia. Y en algún momento recibimos una donación de TikTok que nos ha ayudado a poder renovar nuestra página web.

¿Notan un crecimiento de los pedidos de ayuda al CAS?
-Sí. La cantidad de llamados se ha incrementado considerablemente desde hace unos 8 o 10 años, con un fuerte incremento durante la pandemia que se mantiene en la actualidad. La cifra depende mucho de la cantidad de voluntarios que tenemos, porque cuantos más hay, más guardias pueden ser cubiertas. Entonces, eso aumenta el registro de llamados. Nosotros atendemos de 8 de la mañana a 12 de la noche.

Según su mirada y su experiencia ¿cuáles cree que son las razones del aumento de los suicidios en Argentina?
-Hay que aclarar que el aumento se viene dando en la Argentina y en el mundo. Ya hace un par de décadas, la Organización Mundial de la Salud venía advirtiendo que iba a haber una epidemia de suicidio y depresión. Esto lo estamos viviendo, lamentablemente. Muchas razones tienen que ver con la complejidad del mundo en el que vivimos, donde hay desde crisis económicas, laborales, pérdida de empleo, etcétera. Pero especialmente entre los jóvenes -que es donde se registra el aumento más significativo de las tasas-, se relaciona con la poca esperanza en el futuro y las adicciones de todo tipo: a redes sociales, al juego, a los consumos problemáticos. Esto es muy grave y va en aumento. Todas estas cuestiones tienen una relación directa sobre la ansiedad, sobre la depresión, y esto hace que se dé todo este aumento.

Y es allí donde María Fernanda Azcoitia introduce un tema en el que todas las voces expertas coinciden: las dificultades que atraviesa el abordaje y el tratamiento de la salud mental. “Hay un sistema de salud que está bastante colapsado. Pero, por otra parte, hay poca educación emocional donde se oriente a las personas a conectarse con lo que les pasa”. Y para eso es clave “estar atentos a los demás, detectar justamente señales, estar más cerca uno de los otros”.

¿A qué se refiere con detectar señales?
-Detectar cambios muy significativos de conducta. Mucho individualismo hace que las personas estén muy enfocadas en sus propias cosas y poco en lo que pasa alrededor.

Quienes se comunican con el CAS ¿suelen cambiar de opinión en cuanto a quitarse la vida? ¿Cómo se sienten ustedes cuando logran hacerle cambiar de opinión y cuando, lamentablemente, eso no ocurre?
-Muchos de los que llaman al CAS cambian de opinión. De hecho, nosotros tenemos una forma de atención que tiene que ver con la escucha abierta, empática, sin juicios. Además, el anonimato hace que la persona se sienta contenida y realmente escuchada. Y se pueden buscar alternativas en medio de ese túnel negro y oscuro en el que están las personas. En muchos otros casos es un llamado de emergencia, es decir, con un suicidio en curso y en ese caso la mayoría de las personas cambia de opinión, aceptan la ayuda y nos brindan su locación como para que podamos mandarles la asistencia del SAME. Así es cuando eso se logra. Pero cuando lamentablemente eso no ocurre, lo que aflora es la impotencia. Porque el trabajar como voluntario en el CAS requiere de un equilibrio adecuado entre la omnipotencia y la impotencia, porque quienes ofrecen su tiempo son todas personas que quieren ayudar a otros, con lo cual está la necesidad de encontrarle solución a todo. Y el CAS nos pone ante la situación de que no todo tiene solución. Pero para muchas personas el solo hecho de tener una presencia humana del otro lado que escucha abiertamente, que acompaña, que da aliento, que valida lo que está viviendo, hace que el consultante se sienta muy bien y, por ende, el voluntario también.

¿Cuáles son los perfiles más repetidos o características de quienes llaman al CAS?
-Es variadísimo. Llaman personas de todas las edades, de todas las condiciones, con las situaciones más diversas. Últimamente, se viene dando mucho el llamado de personas con cuadros psicopatológicos que no son atendidos adecuadamente a pesar de haber sido bien diagnosticados. Muchos no son tratados porque hay un sistema de salud que está colapsado, que no da turnos, etcétera. Pero en muchos casos son los mismos cuadros psicopatológicos los que se resisten a consultar o sostener tratamientos. También llaman personas con mucha soledad. Incluso que no necesariamente están solos en la vida, pero sí que sienten subjetivamente la soledad. Así que llaman todo tipo de personas y con distintos tipos de cuestiones: vinculares familiares, de amigos, relacionados a la identidad sexual, a abusos, al juego o consumo problemáticos, de todo.

¿Qué piensa de la frase tan extendida que señala "el que se quiere suicidar no avisa"?
-Es un mito, como muchos otros. El que se quiere suicidar, muchas veces avisa. Lo que ocurre es que a veces esos avisos están encriptados y por eso es que hay que estar cerca de las personas y atentos incluso a uno mismo, a nuestros propios procesos personales. Estar dispuestos y educados para pedir ayuda a tiempo. Eso de que el que se quiere suicidar no avisa, insisto, es un mito. Avisa de distintas maneras. A veces lo dice en forma directa y las personas lo subestiman… Después aparecen las frases hechas como “si la vida es buena, es linda, vos tenés que poner energía”. Y todos sabemos que de la depresión no se sale solamente con frases motivacionales, sino que requiere un abordaje mucho más profundo, un tratamiento mucho más profundo. Todos tenemos que sensibilizarnos y concientizarnos de que muchas veces detrás del sufrimiento de las personas -cuando ese sufrimiento no es hablado, no es expresado, no es comprendido- aparece la idea y la fantasía en ese proceso que mencionaba antes. El “proceso suicida” es un aumento de las dificultades, de los problemas sumados, y que no son conversados, hablados, expresados. Y así luego la crisis se amplía, es totalizadora del yo, y aparecen las fantasías negativas y las ideas de dejar de existir. Porque lo que se quiere eliminar muchas veces no es a la persona: la persona no quiere matarse, la persona quiere hacer desaparecer ese dolor psicológico insoportable.

Según Azcoitia ese punto es clave y es lo que trabajó el psiquiatra que fue el precursor de la suicidiología, el estadounidense Edwin S. Shneidman: “Él describió esto del dolor psicológico insoportable: la persona lo que quiere es hacer que desaparezca eso que le está haciendo sufrir. Si no hay ayuda desde el afuera o no hay un pedido de ayuda desde adentro, entonces avanza hacia la ideación suicida y luego el intento”, explica la experta.

Durante mucho tiempo se dijo que los medios de comunicación no deberían ni siquiera mencionar la palabra “suicidio” por la cuestión imitativa o el efecto contagio. Ahora se cambió el paradigma y se dice que sí hay que hacerlo, pero con responsabilidad. ¿Qué piensa de eso?
-Que es una gran verdad. También era un mito esa idea de que hablar de suicidio incentiva a las personas o les pone esa idea en la cabeza. No es así. Las personas tienen la idea por sí mismas. Entonces, el poder hablarlo muchas veces alivia y eso lo comprobamos cuando vamos a dar charlas. Los mismos chicos y chicas o las personas en general que están escuchando corroboran esto y entonces sienten un alivio al poder hablarlo. Ahora se dice que sí hay que hacerlo.

¿Y cómo hay que hacerlo?
-La Organización Mundial de la Salud tiene un apartado que da recomendaciones específicas a los medios de comunicación sobre la importancia de su participación en la prevención del suicidio. Hacerlo con responsabilidad significa no hacer apología del suicidio. Y, por otra parte, lo que es más importante es no hacer amarillismo. Porque hay mucho amarillismo incluso también en Internet… Creo que lo más importante es, junto con las noticias, brindar recursos, como la información de una línea telefónica que opera en la zona o brindar entrevistas con profesionales que ayuden a cómo pensar estas cuestiones. Así como se piensa en los factores de riesgo también hay que pensar en los factores fortalecedores, como crear espacios de comunicación o favorecer que la gente pueda tener desde el deporte una participación en grupos, o en una iglesia o en todo lo que hace bien al espíritu.

¿Hace falta un mayor compromiso en materia de políticas de salud mental de parte de las autoridades para enfrentar la problemática de los suicidios?
-Sí, definitivamente hace falta más compromiso y llevar adelante muchas de las cuestiones que ya están escritas, están delineadas, están diseñadas. Hay una Ley de Prevención de Suicidios que fue reglamentada, pero no sé con cuánta efectividad se está poniendo en práctica en algunos lugares. Escuché que en la provincia de Buenos Aires se creó una Mesa de Prevención de Suicidio. A nivel nacional también hay una mesa interministerial. Además, en distintos municipios existen mesas interdisciplinarias que hablan de salud mental, en las que en muchos casos invitan a las ONG y las asociaciones intermedias a participar para poder trabajar en conjunto. Pero esto tiene distinta efectividad en cada lugar… Falta muchísimo, muchísimo, muchísimo.

¿Qué consejos daría para afrontar el tema de los suicidios en forma responsable y qué aconsejaría a las familias o individuos potencialmente afectados por esta cuestión?
-Hablar abiertamente, acompañar, respetar, no emitir juicios… Muchas veces los profesionales de la salud creen que alguien que está con ideación suicida tiene que ser atendido solamente por un especialista en suicidio. Yo prefiero decir que está bueno que esa persona sea atendida por el terapeuta o por el profesional que lo está atendiendo en ese momento, porque es con quien tiene creado el vínculo; pero es verdad que el hablar de suicidio muchas veces genera mucho temor, lo cual es totalmente entendible. Sin embargo, nos tenemos que animar a hablar y plantear las situaciones. Porque hablar alivia a las personas. También ponerle nombre, no tenerle miedo, y aun si le tenemos miedo, igualmente hablarlo. Eso es clave.

Agencia NA

Fuente: https://noticiasargentinas.com/sociedad/domingo-13---maria-fernanda-azcoitia--presidenta-del-centro-de-asistencia-al-suicida---hay-una-epidemia-de-suicidios-y-depresion-_a6aa5d794820f3f874ac8056b

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